Sendero Alpujarra GR-142

ETAPA TRAMOS ENTRE POBLACIONES Km.
1 Lanjarón Órgiva 7
2 Órgiva Mecina Fondales 17
3 Mecina Fondales Ferreirola 1,68
Ferreirola Busquístar 2
4 Busquístar Notáez 4
Notáez Cástaras 3,5
5 Cástaras Nieles 2,25
Nieles Lobras 4,4
Lobras Cádiar 8
6 Cádiar Jorayrátar 9,92
7 Jorayrátar Los Montoros 7,72
Los Montoros Las Canteras 2,4
8 Las Canteras Darrical 3,1

1ª Jornada. Lanjarón – Órgiva.

En Lanjarón vemos árboles de aguacates. Y nos impresiona como convive su bosque de castaños con los árboles tropicales. Eso nos da una idea del suave clima que tiene este pueblo de sierra (su municipio sube hasta los 3.150 m. de altura) y por eso no nos asombra que sea un lugar de terapias, de relax, de descanso. Más si el agua, sus propiedades mineromedicinales, sus baños termales, acompañan a esta búsqueda de bienestar, que podemos encontrar en estos parajes. Nosotros desde aquí animamos, con un poco de movimiento, de respiración, a andar. A la vez que de una forma pausada recorremos estas montañas y las vamos conociendo, sentimos su entidad especial, su historia, sus costumbres y tradiciones y toda la naturaleza que conservan.

Cruzamos todo el pueblo de Lanjarón (dirección este) por su alargada calle principal, que era el antiguo Camino Real que unía Granada con la Alpujarra, por donde hoy circula la carretera. A su salida, tras pasar el río Lanjarón, podemos adentrarnos unos metros por la izquierda en el “Camino de la Sierra” para tomar agua de la última de las fuentes de los numerosos manantiales que cuenta Lanjarón.

La carretera, tras cruzar un par de arroyos y dejar el sendero GR-7 que sube a Cañar, la abandonamos, y subimos a la izquierda por una pista que en un principio está cementada, siguiendo el mismo camino que el que se utiliza en la romería a la Ermita el día de la Cruz de mayo (el día 3). Dejamos esta pista algo mas arriba, tras una amplia curva. Y así tomamos una vereda que, con un bonito empedrado y sobre unas rocas, nos subirá a la Ermita del Tajo de la Cruz.

Lanjarón es uno de los pueblos alpujarreños que cuenta con mas ermitas: seis. La de la Cruz es impresionante por sus vistas.

“En estos pagos solían celebrarse los más sonados aquelarres de toda la comarca. Por este motivo, en la última década del s. XVIII, se colocó una cruz sobre el peñasco más elevado del promontorio con el propósito de defender aquel paso obligado hacia la Alpujarra de las supuestas brujas que allí se reunían y sus temidas tropelías nocturnas”. Nos cuenta Eduardo Castro.

Dejando el Peñón de la Cruz, seguimos una pista subiendo entre olivos, sin tomar desvíos segundarios a la derecha, y llegamos a divisar otra hermosa panorámica: hacia el sur vemos el valle del Guadalfeo rodeado de empinadas montañas. A la izquierda dejamos otro desvío que sube hasta lo alto del Cerro, este ahora coronado por numerosas y altas antenas para los teléfonos móviles.

Pronto llegamos a la pista que tomamos inicialmente, donde atraviesa en alto una acequia. Es la acequia de los Machos, la misma que hemos cruzamos en la Ermita del Tajo de la Cruz.

En una curva a la derecha abandonamos por el momento la pista, para subir por una vereda a la Venta de los Herradores, donde volvemos a la pista y la seguimos recta, dejando los distintos desvíos a los lados, encontrando que el porte de la vegetación empieza a ser mas bajo. Estamos en la máxima altura de esta ruta. Unos eucaliptos y unas acacias son los últimos árboles altos que sobresalen. A unos 150 m. de estos árboles que se encuentran junto a un corral de ganado, dejamos la pista, cuando empieza ya a casi llanear y poco antes de que a esta le salga un ramal. Aquí nuestro sendero besa al GR-7, ya se divisa arriba el pueblo de Cáñar, y más adelante aparecerá el de Soportújar. Nosotros seguimos por una vereda con olor a lavanda y romero.

Pasados unos almendros aparece a la izquierda una fuente que a través de una goma trae el agua de su nacimiento que vemos algo mas arriba, junto a unos juncos y una higuera. Va alimentando esta fuente una alberca que nos encontramos junto al camino. Y aquí, en este paraje que se llama Caña Morada, empieza el nacimiento de un barranco. Veremos otra alberca mas abajo junto a unos eucaliptos. ¡El agua que había se aprovechaba!.

En esta zona rocosa de caliza, dejando a la izquierda un cortijo con animales, divisamos ya Órgiva en medio de su frondoso valle. Comenzaremos a bajar, cada vez más bruscamente, hacia el pueblo. Y así llegamos al río Sucio. Se le conoce así porque se enturbia mas arriba con unas vetas de “launa”, tierra arcillosa de color grisáceo que se utiliza para los terraos de las casas por su alto grado de impermeabilidad.

Hacia arriba se encuentra una comunidad de tiendas “tipis”. Nosotros bajamos por el margen izquierdo del río, y a unos 900 metros llegamos a la carretera, junto a la barriada de Las Barreras. Con este nombre se le conoce también a este río.

La carretera, que tomamos a la izquierda, la dejamos al llegar a una casa en la que pone: “Se curan verrugas, herpes, sinusitis, etc.”. Una vereda nos acerca a Órgiva, tras pasar por las ruinas de un cortijo, un antiguo molino de aceite. Por su grandeza nos imaginamos las moliendas que tuvo. Solo tenemos que cruzar el río Chico para adentrarnos ya en el centro del pueblo.

2ª Jornada. Órgiva – Mecina Fondales.

Esta jornada, con una distancia especialmente larga entre sus pueblos, comienza al este de Órgiva. Mas arriba de su instituto, sale el camino a Tíjola. Va cruzando el río Seco y el barranco Hondo y atravesando entre olivos numerosos cortijos con flores en sus porches y hermosas huertas. La carretera sigue asfaltada hasta el cortijo Granadino. Nosotros la seguiremos hasta pasar la Cortijada de los Angustines. Allí subimos por un barranquillo de adelfas y granados bajo la sombra de eucaliptos, dejamos un pequeño carril a la izquierda que se introduce en un cortijo y continuamos por la vereda que sube hasta la acequia de las Ventanas. La seguimos a la derecha un trozo, lleno de vegetación, para cruzarla (una laja hace de puente) y continuar subiendo por una vereda hasta el cortijo Cuatro Vientos situado junto a la pista. Al mirar hacia atrás vemos árboles cargados de limones que nos pueden recordad el título del libro best seller del escritor Chris Stewart, que describe su vida en esta zona.

Seguimos la pista, convertida ahora en un carril de tierra. Pasado un cortijo dejamos el carril que sale a su derecha (este baja cerca de la junta del río Cádiar con el Trevélez – Poqueira). En la siguiente curva pasamos un viso y nos adentramos en el valle, que nos puede recordar a los de la cordillera del Gran Atlas.

Tras el cortijo de la Cenicera, obviamos un carril que sube a la izquierda y cuando llegamos al cortijo El Duque ya abandonamos definitivamente la pista para alcanzar el río. Bajamos entre cañizos y volvemos a cruzar, sin apenas darnos cuenta, la acequia Ventanas, así nos aproximamos al cauce y subimos por él 200 metros para desviarnos a la derecha y llegar al río Trevélez – Poqueira. Ochocientos metros mas arriba se unen el río Poqueira y el río Trevélez, por eso a esta zona se le llama La Junta. Al cruzar el río por un curioso puente de madera, podremos ver debajo las piedras de color marrón, que las ha tintado el agua ferruginosa que lleva su cauce.

Seguimos río abajo por una pista que llega al cortijo Valero, que tras pasarlo sube serpenteante siguiendo aproximadamente el recorrido de lo que era un antiguo Camino Real. En un principio subiremos un fuerte desnivel entre gayumbas y retamas, asomando alguna higuera y algunas parcelas de almendros todavía cultivadas. Podremos ver entre ellos una base de cemento, que era la plataforma de un teleférico minero.

Cuando ya alcanzamos cierta altura, aparecen a la izquierda las ruinas del cortijo Hoya Monte situado fuera de la pista junto al frescor de las encinas, allí donde suelen cobijarse las ovejas. Y encima el Algibillo Quebrado. A la derecha gusta ver los enebros con ese porte tan considerable, junto a la repoblación de pinos.

Esta zona, conocida como la loma de Campuzano, hasta hace poco estaba cultivada de almendros y viñas. Las viñas las fueron abandonando, según nos cuentan sus dueños, entre otros motivos por que se las comían los jabalises. Dicen que todas estas uvas daban para 800 arrobas de vino. Ellos y los arrieros bebían del aljibe árabe que nos encontramos tras una curva. Este se alimentaba de una acequia que recogía las aguas de lluvia. Aquí nos sorprende un paisaje muy diferente (a ese cambio topográfico que ocasiona que se vea por primera vez una extensión se le llama en nuestra comarca un “viso”.). Enfrente, un mosaico de pueblos adorna la ladera de la gran montaña.

A la izquierda, fuera del camino, dejamos las ruinas de un trasformador que sirvió para darle fuerza a los vagones aéreos que llevaban el mineral de hierro de las minas del Conjuro a la estación de Rules (al sur) y desde allí, ya cerca de Motril, lo bajaban en camión al puerto. El caso es que toda esta instalación solo se utilizó por 13 años y medio. Desde julio de 1955 que empezaron, hasta finales del 68 que ya paralizaron la extracción del mineral.

Tras esa larga subida, llegamos al punto mas alto de la jornada a 1.100 m. Mas adelante dejamos la pista, que vemos que continua subiendo, para tomar a la izquierda por otro carril que baja al Corral Forestal y al menos nuevo el Corral de Castilla. Desde aquí, una vereda empedrada nos conduce a esos pueblos que vemos justo enfrente. La bajada en zigzag (escarihuelas se le llaman aquí) se abre camino entre rocas cubiertas de vegetación.

El río Trevélez se cruza por un puente del que merece ver toda su base de piedra y un molino adosado en el que se descubren sus piedras de moler.

En la otra vertiente continuamos a la izquierda (a la derecha hay entre las rocas una pequeña poza junto a unos alisos), y entre huertas, acequias, castaños, acacias y sauces, alcanzamos junto a una fuente el pueblo de Fondales. Desde aquí otro camino de herradura sube hacia el norte y por él podemos llegar a Mecina donde se encuentran hoteles y restaurantes para el avituallamiento. Mecina Fondales es el nombre que se le da a la unión de estos tres pueblos: Fondales que está abajo, y Mecina y Mecinilla arriba, mas cercanos entre sí.

3ª Jornada. Mecina Fondales – Busquístar.

Esta corta jornada con suaves desniveles, atraviesa tres pueblos de los que merece la pena recorrer todos sus rincones y aprovechar todas sus fuentes a las que le suelen acompañar un lavadero público. Son pueblos pequeños, cercanos, que conservan su peculiar arquitectura, con casa agrupadas y adaptadas a estas pendientes pronunciadas y conservando su tradicionales terraos planos cubiertos de launa. Están rodeados de huertas y eras y con una luminosidad especial que acrecienta su belleza.

Este sendero coincide con otro sendero que está marcado de color blanco y amarillo.

Fondales – Ferreirola.

A estos pueblos que se incluyen dentro de la Taha de Pitres (Taha es el nombre que aún se conserva de las divisiones territoriales según jurisdicción), antiguamente se les llamaban Mecina de Ferreira, por la abundancia en esta zona del mineral del hierro. Y así, nada más que salir de Fondales hacia el este, nos topamos con una fuente agria, de agua ferruginosa, con cualidades digestivas y reconstituyentes, por sus numerosos minerales.

Al pasar la fuente y su barranquillo de nogales, subimos por la pequeña vereda que nos lleva entre los cultivos en bancales (aterrazados) a la Alberca del Lino ¡Qué impresionante castaño se alza junto a ella! Esta alberca toma el agua de un barranco que cruzaremos enseguida.

Entre rascaviejas y aulagas llegamos a otro barranco y ya cerca del pueblo dejamos a la derecha un desvío que viene del río. Subimos un poco y nos adentramos en Ferreirola.

Ferreirola – Busquístar.

Tras beber agua de algunos de los caños de la fresca fuente cercana a la iglesia, vemos que sale hacia arriba un sendero que va al precioso pueblo de Atalbéitar. Nosotros seguiremos a la derecha de la fuente, hacia el este, por un camino que cruza dos frescos barrancos: Uno rodeado de helechos con una fuente gaseosa. Y otro, por donde pasa agua, el barranco de las Guardas, cubierto de chopos y algún castaño y con otra fuente la de Paula.

Entre ambos nos encontramos con la era del Trance acompañada de un castaño. En esta zona, a igual que ocurre en la de Cádiar, aún se planta y se recolecta a mano, con hoz o guadaña, los cereales (que los usan para alimento de los mulos). Aquí no llegan las segadoras ni las trilladoras. Todo este abrupto terreno no está tan abandonado y se cultiva manualmente con ayuda de animales.

Dejamos la vereda, que se insinúa como la principal, que baja al río, a un antiguo hermoso molino “la fábrica de harina”. Desde este molino se podría subir por otra Carihuela a los ahora en ruinas baños de Panjuila. Vemos enfrente esta vereda y a su izquierda el barranquillo que baja lleno de vegetación gracias al agua que desciende de estos antiguos baños.

Subimos entre encinas y fresnos y al llegar a un viso, en la cresta, nos encontramos debajo de la Mezquita. Estas ruinas con fuerte valor arqueológico se encuentran sobre una atalaya de rocas que constituye un hermoso mirador.

Continuando por nuestro sendero alcanzamos una pista, la seguimos unos pocos metros para dejarla en una curva, y así continuamos directos hacia Busquístar, que es el pueblo que tenemos enfrente a 600 metros. Nos encontramos acequias junto a las moreras y las aprovechamos para limpiarnos las manos rojas que inevitablemente se nos han puesto chorreando al coger moras. Tras cruzar un tupido y fresco arroyo, entramos, entre nogales e higueras, al pueblo.

4ª Jornada. Busquístar – Cástaras.

Busquístar – Notáez.

De la parte baja del pueblo sale el camino a la carihuela. Un cartel de Camino al río junto a un hito con una señal amarilla y blanca nos hace ver que este sendero sigue coincidiendo con otro P.R. hasta el cruce de la Venta del Rellano. Cerca de aquí también al sur sale el camino que viene de Ferreirola, un poco mas al oeste. Pero merece la pena subir por las estrechas calles de Busquístar, saborear el agua de sus fuentes y recorrer sus tinaos.

Al tomar el camino, encontramos en la bajada un moral y seguidamente otro junto al cortijo Cacerías. Aunque ya pasó el esplendor y la fama de la calidad de la seda que tuvo la Alpujarra en la época árabe, ahora no hay sabor que más se agradezca que el fresco fruto de la mora en los paseos de verano.

En el río había un molino, vemos a la izquierda la acequia que tomaba el agua que le servía como energía para mover las aspas que empujaban las pesadas piedras. Enfrente, por donde seguiremos, vemos unos tajos y nos sorprenderemos cuando entre ellos nos encontremos un camino tan bueno.

Subimos la carihuela (en zigzag) entre encinas y jaras y algunos almeces, acompañados de matas de mejorana. Y ya casi arriba se divisa lo que era la salida de la estación aérea que transportaba el mineral de las minas del Conjuro a la estación de Rules. Llegamos a la carretera después de pasar una acequia y dejar a la derecha la Venta del Rellano junto al nogal y los árboles frutales que la rodean. En septiembre su terrao (techo plano de launa) suele estar cubierto de higos y algunos tomates puestos a secar. Desde aquí si miramos hacia atrás, aún vemos el pueblo de donde partimos.

Dejamos a la derecha la carretera que lleva a Almegíjar y Torvizcón, y mas adelante dejamos a la izquierda la que cruzando el Cerro del Conjuro sube hacia Trevélez. Y continuamos unos trescientos metros por la carretera de Cástaras. Esta la abandonamos para tomar a la derecha una vereda que nos llevará a Notáez. Bajamos, solo en un principio, paralelos a una línea de luz; enseguida cruzamos una acequia y una zona de retamas, para continuar por la loma y más abajo introducirnos en el barranco. En mayo está repleto de flores amarillas, ya que está todo él cubierto de retamas. Al salir del barranquillo bordeamos El Calár, un tajo de piedras de caliza, y nos introducimos en una senda que va atravesando paratas de olivos. Tras cruzar una pequeña acequia nos encontramos un cruce, tomamos a la derecha la vereda ya mas marcada que nos llevará entre numerosas huertas y variados frutales a Notáez. Lo primero que nos recibirá es un lavadero abierto de uso diario y rodeado de flores, como la mayoría de sus calles. Mas abajo, en medio de la plaza la Fuente, un pilar de piedra con cuatro caños. Este pueblo conserva, sus casas de dos plantas, numerosos tinaos y una belleza singular

Notáez – Cástaras.

A la derecha del lavadero del Chorreón de Notáez sale el sendero a Cástaras, cerca del sendero que baja de Busquístar. Primero trascurre por una vereda bien marcada, con olivos, higueras, moredas y almeces. Pero al separarnos del pueblo, de sus huertas y árboles frutales, el camino es menos claro y más seco, con pitas y romero. Cruzamos un barranco y llegamos a alcanzar una cresta. A partir de aquí el sendero sube en zigzag hasta llegar a unos almendros y se introduce en ellos por la loma del algibillo.

La subida continúa mas suave, pasa por algunos chaparros, hasta que divisamos rodeado de árboles y rocas el pueblo de Cástaras. Cruzamos una pista y más abajo una vereda, ambos caminos salen a la derecha hacia el cementerio. Y tras pasar por un barranquillo entramos en el barrio bajo de Cástaras por la Punta de la Calle.

5ª Jornada: Cástaras – Cádiar.

Cástaras – Nieles.

Los kilómetros separan Cástaras de Niéles por una carretera asfaltada y poco transitada. Para cogerla hay que bordear la iglesia y pasar junto a la casa de Pura, la curandera mas famosa de la Alpujarra. El camino primero va rodeado de rocas y tras una subida alcanza un collado, por el cual pasa el transvase de Sierra Nevada. Hasta aquí llega el agua aprovechando la acequia de Cástaras, una larga e impresionante (por su recorrido) acequia que toma el agua del río Trevélez, por encima del pueblo. Desde aquí baja, para cruzar el Guadalfeo, y con un sistema de sifón sube el agua a la Contraviesa.

A la izquierda vemos las ruinas de unas minas, donde se transformaba el mineral y el tubo de la chimenea donde se condensaba el mercurio. Al empezar a bajar ya se divisa Nieles y a 300 metros del pueblo, al cruzar un barranco, aparece entre unas rocas la fuente del Chorrillo. (Un poco antes encontramos otra, pero está mas turbia ya que el agua pasa por una charca).

Nieles – Lobras.

En un bonito recoveco del pueblo de Niéles se encuentra escondida la fuente de Arriba bajo las yedras y junto a las higueras, y al lado sale otro surtidor que vierte sobre el lavadero, todos estos caños hacen escuchar distintos sonidos de los chorros del agua, que van a desembocar a un estanque que se encuentra junto a las huertas. La otra fuente, la de Abajo está junto al centro de salud y al bar de los pensionistas. Esta también tiene su lavadero y de ella sale la vereda para Lobras. Lo primero que nos encontramos junto a este empedrado camino es la muela de un molino, y es que encima se sitúa una antigua y gran almazara donde molían la aceituna de todos los alrededores. Este sendero nos baja al arroyo de Niéles. Al cruzarlo y subir por la otra vertiente vemos que aquí las encinas sustituyen a los olivos y predominan más los fresnos que los almeces. En primavera veremos en flor las jaras, las gayumbas y las retamas y en verano oleremos las flores del orégano y del tomillo. Al separarnos del río, ya con menos vegetación, la subida se va haciendo mas suave hasta alcanzar una pista. Debajo de esta está enterrada una acequia: la seguiremos. Se nos pierde la panorámica de Niéles cuando bordeamos una loma y entramos en la zona de Lobrasán. Pasamos por unas albercas y llegamos a una pista de tierra. A la derecha está el cortijo de los Arcos. Merece la pena ver las ruinas del acueducto que pasaba por el mismo cortijo. Nosotros seguiremos la pista a la izquierda durante 2´2 kilómetros para llegar a Lobras. Bajamos, dejando un par de desvíos a la derecha, hasta llegar al barranco de Lobras y tras cruzarlo subimos por la pista hasta el pueblo.

Lobras – Cádiar.

Merece la pena adentrarse en los callejones detrás de la plaza de la iglesia todos ellos cubiertos de plantas, y es que podríamos llamar a Lobras, por las macetas que le dan colorido a todas sus calles, el pueblo de las flores. Mas arriba, en el barrio del Chorro nos encontramos la fuente del Lavadero. Enfrente de ella junto a un nogal tomamos el camino que va entre olivos cruzando un par de barranquillos para llegar a la era de Fuentezuelas (sobresale un ailanto como único árbol junto a ella). Seguimos a la izquierda y alcanzamos una primera loma, esta tiene unas higueras inclinadas hacia el este, dirección que seguimos hasta que alcanzamos la siguiente loma por donde trascurre la vereda de la Escalona. Bajamos por ella y cuando se bifurca el camino tomamos el de la izquierda, que pasa por un poste de cemento de la luz. Esta vereda nos bajará hasta la Rambla de Albáyar justo en el punto donde coincide con el sendero GR-7, el cual también pasa por Lóbras.

Nosotros seguimos descendiendo toda la rambla hasta desembocar en el Guadalfeo. Allí llegamos a una carretera y la tomamos a la izquierda para cruzar este río. Desde el puente se ve un poste con un molinillo de viento y unas placas solares que sirven para alimentar el caudalímetro que va midiendo la cantidad de agua que lleva en este punto el río.

Tras cruzar, dejamos la carretera para subir por la rambla del Lagarto. Pero la dejaremos enseguida, para adentrarnos a la izquierda en el cortijo del Buen Humor: un antiguo molino de aceite rodeado de olivos. Ya detrás del cortijo empezamos a subir por la loma. Tras un fuerte desnivel atravesamos un pequeño descampado y así entramos en el encinar por un pequeño cortafuegos. Este sube hasta el cerro del Almirez, pero nosotros lo dejamos y bordeamos su cumbre, tomando a la izquierda una vereda mas suave. Nos hemos adentrado en lo que es el bosque Mediterráneo: el encinar con su sotobosque de jaras y retamas.

A la vez que tomamos altura por la loma vuelven los cultivos de almendros e higueras. Nos encontramos una pista justo cuando pasamos por una era abandonada (y restos de las ruinas de los muros del cortijo “de los zapateros”). Seguimos rectos por la pista hasta llegar a las ruinas del cortijo Cayón (con este nombre se le conoce a la loma que recorremos en su totalidad). Aquí dejamos la pista para subir por una diminuta vereda y por ella mas arriba volveremos a encontrarnos con una pista de tierra, junto a una alberca vacía a la izquierda y unas viñas a la derecha. La pista la tomamos a la derecha y vamos cruzando los distintos cultivos de secano típicos de esta zona de la Alpujarra: almendros, higueras y viñas. Enfrente de unas higueras hay un cruce que continuamos rectos, pero si nos desviásemos a la izquierda enseguida llegamos a unas viñas puestas en espalderas. Encima de ellas tenemos un buen mirador sobre la cara sur de Sierra Nevada, donde se divisan diez pueblos alpujarreños sobre sus laderas. Siguiendo nuestro camino nos encontramos con una estación meteorológica (podremos ver los datos de la temperatura, humedad, cantidad y dirección del viento, las lluvias, diariamente en la página web: www.alqueriamorayma.com/estaciones.htm ).

Hemos llegado a la carretera A-348 justo donde se encuentra a la izquierda el centro agro turístico Alquería de Morayma, un alojamiento con comedor con una arquitectura digna de visitar y con una arboleda que invita a un paseo por sus alrededores: la granja, las fuentes que rodea la sala de trabajo y la ermita.

Antes de alcanzar la carretera junto a una rústica parada de autobús, nos despedimos si miramos hacia atrás de Lobras, Jubiles y Tímar, pueblos que se perderán ahora de nuestra vista. Seguimos la carretera A-348 a la izquierda y a 5 minutos dejamos a la derecha el cruce de la carretera A-345 que lleva a Albuñol y baja a la playa. Cien metros mas adelante nos encontramos la planta de transferencia. En este lugar comprimen la basura que se trae de los pueblos de los alrededores y la trasladan a la planta de Vélez Benaudalla. Desde aquí podríamos seguir la carretera 600 metros hasta que cruza un barranco, pero para ahorrarnos el asfalto tomamos a la izquierda una pista de tierra. Esta, en un principio, se divide y continuamos a la derecha. Mas adelante cuando la pista comienza a bajar se divisa enfrente los pueblos de Los Bérchules y Alcútar debajo de los Cerros del Peñón (2.754 m.) y del Gallo (2.919 m.), y algo después la dejamos para tomar una vereda a la derecha. La bajada ahora va por una cresta paralela a la carretera, en un principio poco definida entre retamas y genistas (bolinas se les llama por la zona) y al final cae ya pronunciadamente hacia un barranquillo. Subimos por él junto a un morero y a unos metros de este gira a la derecha y le cruza encima la carretera.

En este punto tenemos cercana a la izquierda la población de Cádiar, merece la pena seguir la pista y luego la acequia de los Lobreros para entrar en el pueblo, pasear por el barrio bajo y visitar el molino de harina aún en funcionamiento de Domingo.

6ª Jornada: Cádiar- Jorayrátar.

El recorrido de esta jornada transcurre por una antigua Cañada Real. Es apta también para realizarla en bicicleta de montaña, aunque hay un fuerte desnivel de 150 metros cuando se abandona la rambla por la que discurre mayoritariamente este camino. Una rambla que muestra un paisaje más erosionado, con cárcavas producidas por el agua y el aire. En ella predomina el sauzgatillo, un arbusto que tiene una preciosa floración lila. Y la garbancera, en menos cantidad y con una espectacular floración de color amarillo-dorado algo más temprana que la anterior.

Se parte en el kilómetro 53’2 de la carretera A-348 entre Cádiar (a 1 Km) y la Alquería de Morayma (a 1’3 Km) y cuando cruza la rambla del Porcel, seguimos en dirección este por una pista que nos lleva a la Venta de Cuatro Caminos (de la que solo quedan unas ruinas a ambos lados del sendero). Y efectivamente este es un cruce de caminos. Ya que a la derecha sale el PR-32 “Sendero Contraviesa”, a la izquierda el PR-25 “Sendero Cádiar – Mecina”, detrás dejamos Cádiar y enfrente comienza la Rambla del Repeníl, por la que bajaremos siguiendo la dirección de Jorayrátar.

Por la rambla veremos primero un cortijo rodeado de olivos e higueras. Más abajo, cuando la rambla se abre, dejamos a la derecha el cortijo del Higueral. Y así llegamos a un paisaje bastante insólito, que aquí le llaman los Tajos, coronados por el cerro del Convento. Al salir de estos sedimentos tan cortadas, nos encontramos a la derecha el cortijo de la Noria, con toda su entrada empedrada como si fuera una era y un pozo donde estaba situada antiguamente su noria. Detrás del cortijo hay una vereda que comunica con el cortijo de los Cipreses (por donde pasa un camino que también lleva a Jorayrátar).

Al seguir bajando por la rambla enseguida nos encontramos con una fuente y enfrente el cortijo de la Virgen. Desde aquí continuamos solo un kilómetro más por su cauce. Después de pasar por unos hermosos chopos la dejamos y tomamos una pista que sube a la derecha.

(Si siguiéramos por la rambla un poco más abajo de este punto aparece un dique y debajo el cortijo de la Huerta de los Naranjos. Y efectivamente por los alrededores de la rambla hemos ido viendo huertas y entre ellas naranjos, que en esta zona más cálida se dan bien. Esta rambla, más adelante, se junta con el río Yátor y es un posible camino para dirigirse andando a este pueblo.)

La pista, subiendo por la cuesta Juan Alonso, rápidamente coge altura y se convierte en un mirador excelente desde donde se divisa la cara sur de Sierra Nevada. Dejamos un desvío que sale a la izquierda y que vuelve a bajar a la rambla junto al cortijo Haza Vega. Y seguimos subiendo hasta que en un cruce tomamos a la derecha y nos encontramos en la Hoya, dominada por olivos. Aquí nos juntamos con otra pista que nos bajará hasta la Ramblilla del Agua por la que descendemos solo unos metros y continuamos paralelos a ella por la pista que va ahora a su derecha. A partir de aquí este barranquillo se le llama el Arroyo.

Lo primero que vemos del pueblo son las torres de su ermita y de su iglesia. Jorayrátar significa sierra de montañas, de él merece visitar el museo de costumbres populares y su fuente cercana.

7º Jornada: Jorayrátar – Las Canteras.

De la plaza del barrio bajo de Jorayrátar tomamos el camino del río que sale junto al bar del hogar del pensionista y va bajando entre huertas de frutales. Al poco de salir tenemos que estar atentos porque nos encontramos con una bifurcación. Tomaremos a la izquierda, por una vereda que en un principio irá más llana y va acompañándole una acequia. Desde aquí podremos ver enfrente el pueblo de Mecina Bombarón. Luego ya baja más pronunciadamente, dejando a la derecha un desvío segundario en una de sus curvas, y alcanzamos el arroyo de Jorayrátar. De él, pero algo más arriba, recoge el agua potable Jorayrátar. Atravesamos un bonito vergel que rodea el arroyo para subir enfrente entre unas chumberas y alcanzar la cresta. Aquí cruza por debajo de una acequia que va sujetada por un arco de piedra. Ya comienza una bajada que es bastante transitada por burros y mulos, cubierta por numerosos algarrobos que predominan en este clima ya más cálido. Así alcanzamos el río cuando llegamos al molino altero. Es habitual cuando la gente es mayor, que se le llame con el apelativo de “Tío”. Por eso, este primer molino se le conoce también con el nombre del Molino del tío José (o de la tía Amalia).

Ya en el río, en la otra ladera vemos el camino que se utilizaba para ir andando a Yégen. La vereda sube por el barranco situado enfrente, luego esta se convierte en una pista y pasa por el Cortijo Colorado Viejo y por unas grandes extensiones de invernaderos. Para la creación de estos invernaderos ilegales van comiéndose las montañas con unos desmontes descomunales. Daños irreversibles para estas sierras alpujarreñas.

Nosotros continuamos por el río, aprovechando estos cauces que tradicionalmente se han utilizado como vías de comunicación entre sus cortijadas. Vemos algunas huertas cercadas con una baja valla colocada para que los jabalises no entren y se coman sus frutos.

La ribera de vegetación que acompaña al río hace que esta zona sea más fresca que sus alrededores, pero en épocas de lluvia no es aconsejable realizar esta jornada, por la acumulación de agua en este trozo del sendero.

En el momento en el que se empieza a abrir el cauce del río nos encontramos a la izquierda las ruinas del Molino del Medio. Detrás de él, hay una vereda que se utilizaba para ir andando a Ugíjar, subía por el barranco del Molino y continuaba por el cortijo Blanquizales. Y a la derecha hay otra vereda que vuelve a Jorayrátar, que sale a la carretera a unos 200 metros del pueblo. Al dar una curva el río en una amplia extensión le desemboca el barranco de los Cerrajones, generalmente sin agua. Algo más abajo dejamos escondido el Molino Hondero. Al molinero se le conocía como “Juan el Tuerto” y por eso nos encontramos en los mapas que aparece con el nombre de “Molino del Tuerto”.

Llegamos a la carretera y la cruzamos para volver al cauce junto al cortijo Río Bajo. En el descenso vamos cruzando de un lado a otro el río, entre taray y adelfas. Vemos a la izquierda un cortijo, el de Federica, con olivos en su parata superior y un hermoso cañaveral en su base. Y arriba el cortijo Lozano, mas habitado, que aprovecha una pequeña acequia que sale del río para subirse el agua con la ayuda de un motor.

A partir de aquí el barranco se nos abre y bajando por este cauce tan ancho llegamos en una de sus curvas pronunciadas a la Venta Pampana. Enfrente desemboca la rambla de Cojáyar. Por ella transcurría el antiguo camino que baja de Murtas, cruza el río y sube detrás de esta encrucijada venta a Ugíjar. En la Venta Pampana vivían cinco familias y tenía una almazara que se llevó la nube del 1975, el agua que bajó por la rambla Cojáyar arrasó con la Venta que se encontraba enfrente. Esta enorme tormenta hizo mucho destrozo en toda esta comarca. Si nos alejamos continuando por el río podemos divisar, mirando hacia atrás, el pueblo de Mecinilla encima de la Rambla. Mecina Tedel es uno de los pueblos más abandonados de la Alpujarra, que como otros se va recuperando lentamente, ubicada entre los pueblos de la sierra de la Contraviesa de Murtas y Cojáyar.

El siguiente molino que nos encontramos es el del Teniente, era molino de harina y aceite y ahora se conserva solo como almazara. El agua le viene del río por un grueso tuvo que pasa por la Venta Pampana y llega encima del molino, aquí la acequia se divide en dos cubos en los cuales se generan la energía que se necesita para impulsar las ruedas de molino que se encuentran debajo.

A partir de aquí el río lleva ya menos agua y el transito por su cauce se hace más cómodo. Nos sorprende de pronto ver una gran cortijada de casas habitadas, Los Montoros, situada sobre la pendiente de la montaña escalonada, hasta tocar el río. Tenemos que torcer a la izquierda para subir al pueblo, nos repondremos a la sombra de sus granados, y enfrente a la derecha dejaremos el cortijo de las Tabalinas, una maravilla. Seguimos por el cañaveral del cauce, a él le acompaña algunas huertas, olivos, chopos. Es normal que salgan de estos últimos palomas torcaces.

Lo primero que vemos antes de llegar a las cortijadas de Las Canteras es un cortijo rodeado de naranjos y olivos situado sobre un montículo. Es de dos plantas y con los tejados de teja. Como aquí la construcción de los techos es plana y con la launa encima, los cortijos de teja eran de los más adineraros. En este punto desemboca el río Yátor por el que veníamos en el río de Ugíjar que baja a la izquierda. El cauce de este río se utilizaba para subir a Ugíjar. Nosotros seguiremos 20 minutos su cauce para llegar a Las Canteras. Pasamos por debajo de un puentecillo en forma de presa que sirve para medir en este punto el caudal de agua que lleva. Dejamos el río cuando nos encontramos a nuestra izquierda un camino cementado, subimos por él, desembocando en un carril, que a la derecha va a Ugíjar y a la izquierda nos lleva a Las Canteras. Su plaza es una era (con un excelente mirador), sus casas están rodeadas de frutales: melocotones, membrillos, moreros. Mientras pasamos por sus calles nos vamos encontrando fuentes que seguro nos refrescarán.

8ª Jornada: Las Canteras – Alcolea.

Las Canteras – Darrícal.

Desde la entrada de la población de las Canteras descendemos por unapista cementada al río Ugíjar, por él bajamos y se encuentra con el río Yátor. Aquí el barranco es bastante abierto y nos asombra como va vadeando las montañas y formando unos hermosos tajos en sus laderas. A la izquierda vemos el cortijo Palomas y mas abajo, después de una de las curvas que hace el río, en la ladera derecha se insinúa una vereda que llega a unos pinos donde se sitúa otro cortijo.

Los tajos ya llegan hasta la orilla del río. Caen unas enormes paredes a nuestra izquierda, que dejamos cuando nos encontramos con el Dique. Tras cruzarlo llegamos a unos huertos y olivares y pasamos un cañizo, así alcanzamos el río Darrícal justo cuando este se junta con el río por el que nosotros bajamos. Unos pocos kilómetros más abajo este río llega al pantano de Benínar, nombre del pueblo que inundó el propio pantano.

Cruzamos el río, ya en la provincia de Almería, y por su margen izquierdo descendemos cómodamente a Darrícal. Llegamos primero a su lavadero, ya en desuso como alguna de sus casas. Al lado sus escuelas están cerradas. Porque su población es de gente mayor. En lo que era la casa de los maestros está ahora el consultorio, y encima la iglesia, junto a una almazara abandonada y a una plaza con una fuente de dos caños.

Las Canteras – Lucainena. Describiremos este camino como una alternativa más. Como una posibilidad de P.R. (sin pasar por Darrícal y ahorrándose el tramo de carretera de Darrícal a Lucainena).

La población de Las Canteras iban antiguamente andando a Lucainena especialmente cuando había fiestas en este pueblo, en S. Marcos y Sto Cristo.

En la entrada del pueblo de Las Canteras, donde está el camino que lleva a Ugíjar, encontramos a la derecha una pista cementada que nos baja al río y que pasa por la esquina de uno de los invernaderos de los que se están implantando en la vega de Las Canteras. Cruzamos el río y descendemos un pequeño trozo entre cañas y huertas, hasta que tras pasar unos naranjos y olivos tomamos un carril que sale a la izquierda perpendicular al río. Este bordea el Molino de las Calzadillas, que se usaba para moler los cereales y la aceituna (molino de aceite y de harina). Detrás de él hay una bifurcación de la pista que tomamos a la izquierda. Desde aquí se ven las ruinas de lo que era la Noria. Esta noria subía el agua a lo que ahora es un secano de cereales y alcaparras. Encima se ve un enorme desmonte del cerro. Continuamos por la pista siempre rectos, sin tomar los desvíos que salen de ella, hasta que esta termina en un barranco. Allí tomamos a la izquierda para subir enfrente entre dos barranquillos, por su cresta.

Paisaje impresionante, de secano. Algunos almendros y olivos van por el barranco para aprovechar sus escasas aguas, lo demás es esparto, romero y bolinas, y destaca el verdor de las alcaparras. La vereda llega a un barranquillo con tres olivos y lo cruza. Aquí podemos ver un verdadero pequeño ejemplo para retener la erosión de estos barrancos: con sus pequeños muros de piedra y encima sus frutales.

Alcanzamos ya una zona de almendros y llegamos a la cresta. Desde aquí Lucainena nos besa. Nos dirigimos a la derecha para caer a la vertiente de Lucainena y bajar en grandes zigzag hasta la chopera. Seguimos la pista a la izquierda hasta que cruza el río algo mas arriba y así llegamos al pueblo.

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Diseño y programación: CalixSierra, Contenidos: Carmen Leal, Fotografía: Paloma Brinkmman y Mariano Cruz, Traducción: Miranda Ravetto. Política de calidad