Ruta de la Solana del Guadalfeo

La cabecera del río Guadalfeo se alimenta fundamentalmente de las aguas que le va proporcionando la cara sur de Sierra Nevada. A su paso ha ido formando de oeste a este un valle diferenciando Sierra Nevada de la Contraviesa. Nace entre el Cerro del Gallo (2.913 m.) y el Peñón del Puerto (2.758 m.). Primero se le conoce como río Grande y río Chico de los Bérchules. Más abajo, a su paso por el pueblo de Cádiar y por la Alquería de Morayma, se le llama río Cadiar y al juntarse con el río Trevélez y río Poqueira, río Guadalfeo.

En su cara sur están ubicados una serie de pueblos como son Cástaras, Notáez, Nieles, Tímar, Lobras, que al contar apenas con 200 habitantes y por no encontrarse junto a la carretera comarcal, son menos conocidos, aunque sí anteriormente quizás por sus telares y bordados.

Efectivamente, para llegar es necesario desviarse de las carreteras generales e ir directamente hacia ellos. Hemos trazado esta ruta, aprovechando estos caminos de mulos, ya en desuso, que se utilizaban para comunicarse entre los cortijos y los pueblos.

Son veredas que cruzan el actualmente caudaloso río Guadalfeo y la rambla de Albayar. Que recorren bancales, huertas, acequias, viñedos y nos adentran en esos pueblos casi aldeas, situados en las faldas de Sierra Nevada.

En ellas, si nos interesan las plantas medicinales, la mejorana, el tomillo, el cantueso y el romero están por todo el camino. Si nos gusta hacernos una tortilla o una ensalada con plantas silvestres, las cerrajas, collejas y ajos porros, en la primavera será el momento de aprovecharlas. Y en otoño de recoger sus frutos (de frambuesas, higos, almendras, nueces, moras, uvas etc.). Si nos interesamos por un paisaje especial, inusual y enormemente desconocido, la visión de esta Alpujarra y Contraviesa, de estas montañas adornadas de pueblos, rodeados de huertas y arbolado, son únicas por su entorno y vivas por su agricultura.

Salimos por la mañana del centro agroturístico Alquería de Morayma, situado a 2 km. del pueblo de Cádiar. Desde aquí vemos justo en frente Lobras, el primer pueblo al que nos dirigimos. Pero para llegar a él tendremos que pasar por un par de barrancos. Bajamos 5 minutos y ya nos encontramos con el esplendor de la vegetación que acompaña al valle. Para cruzar el río, tenemos que remontarlo en dirección Cádiar, escuchando su ruido torrencial, el canto de los pájaros que los habitan y de ranas de alguno de los estanque que se ha formado al margen del río, para llegar después de otros 5 minutos, a unos troncos puestos sobre él que nos sirven de puente.

Después de cruzarlo seguimos río abajo (pero pegados a la derecha) por un camino que se va alejando del torrente y que tras pasar por una fuente camuflada, nos lleva al cortijo “La Venta Mora”, este, por llevar los últimos años deshabitado, se encuentra semiderruido. De él sale una vereda que transcurre por las faldas del valle Guadalfeo y va acompañando la acequia del Arenal.

A los pocos minutos dejamos la vereda que acompaña la acequia para subirnos, ya con menos verdor, entre aulagas, pitas y retamas. Volvemos la cabeza para divisar, ya desde arriba, el cauce del río. Cruzamos un manto de launa, reconocemos esta tierra arcillosa, que se utiliza como aislante e impermeabilizante en los tejados planos de las casas alpujarreñas, por su color grisáceo-azulado. Encima sobre unos peñones se suelen posar las palomas torcaces y debajo, bajo las rocas, salen alguna lagartija que cruzan rápidamente la vereda.

Al llegar a la Loma de Martín Alonso, el paisaje es único; Lobras, Tímar y Juviles descansan sobre las faldas del Peñabón. Una visión especialmente limpia, tenemos en frente pueblos rodeados de montañas, aquí nos llega algún ruido de niños y de campanas que acompaña al del canto de los pájaros.

Cruzamos la loma para bajar, primero entre higueras y viñas y luego entre matorrales, por la cuesta de Cádiar, a la Rambla de Albayar que, aun sin ser río, puede llevar agua. La seguimos cañada abajo durante unos 100 m. para subir a la derecha, junto a las ruinas del cortijo Fausto, por la vereda de la cuesta del Tejar, a Lobras. Salimos justo a la era de los LLanos, donde está ya la carretera rodeada de huertas y empiezan las casas del pueblo.

Una vez recorridas sus calles, mas arriba de la fuente del lavadero y a la izquierda de unas balsas, abandonamos el asfalto para tomar una vereda que va entre encinas, almendros y fresnos. Acompañamos durante un tramo la acequia de Lobras. Y nos vamos acercando a la aldeilla de Tímar. Antes de llegar cruzaremos el Barranco y otra franja de launa y nos subiremos hacia el pueblo.

Hemos llegado a la era del albercón, dejamos a la derecha el camino que lleva al cementerio y al pueblo y tomamos uno que entrevemos entre las abandonadas minas de mercurio y nos introduce en un bosque de calizas. La calzada de la vereda y los muros de los balates y acequias y mas tarde la edificación del pueblo, la veremos construidas con esas hermosas piedras amarillentas.

Más arriba cruzamos un precioso arroyo cubierto de fresnos, todo el camino va debajo y rodeado de unos espléndidos tajos. Al salir de ellos nos encontramos con una encina y un almez que surgen de la roca, desde aquí, podemos desviarnos a la derecha unos veinte metros para sorprendernos con la Huella del Gigante: Un enorme peñón aislado, con sus pies cubiertos de plantas medicinales cultivadas. Justo encima tenemos el pueblo de Juviles.

Este fue cabecera de partido de todos los pueblos de alrededores y de gran importancia en la época árabe, en la actualidad tiene 200 habitantes. Un buen lugar para comer.

Salimos del pueblo, por la carretera dirección a Bérchules, junto al secadero de jamones, y cogemos el camino que sale de la calle de las Escuelas. Primero por una pista bajamos al barranco de la Umbría, lo cruzamos y tras subir una cuesta, ya el camino mas estrecho, tenemos la posibilidad de, dejando a la izquierda nuestra vereda, acercarnos al cerro que nos corona: El Fuerte. Aparte de las ruinas de su antigua fortaleza y su aljibe mozárabe, llama especialmente la atención el poder contemplar la panorámica de al Sur toda la cara norte de la Contraviesa, con el Cerrajón al fondo, la Sierra de Gador y la de Lújar, y al Norte toda las estribaciones de la Sierra Nevada.

Volvemos al camino que antes dejamos y ya transcurre, se escabulle, por encima del Tajo del Águila. El pueblo está cerca. Lo vemos desde arriba: tejados planos cubiertos de launa, excepto la Iglesia que se cubre de teja.

Tímar es digna de saborear sus calles aún siendo pocas, sus arcos árabes y su conservada arquitectura popular.

Durante 10 minutos andamos por la carretera para dejarla en un cruce que a la derecha sigue la carretera a Lobras (20′) y a la izquierda a Cádiar (35′). En esta bifurcación, justo encima del camino de la izquierda, está la vereda que nos lleva a Alcútar. Ascendemos la loma rodeados de genistas (en mayo tiene que verse esta amarilla), hasta llegar a una pequeña pista que tomamos a la izquierda y esta nos conducirá a otra pista principal que la seguiremos a la derecha.

Pasamos encima del cortijo del Ciprés. Tiene en su puerta una enorme morera y una fuente y detrás se entreve numerosos frutales variados. Mas abajo tomamos una senda que sale en una curva pronunciada que hace la pista. Por esta atravesamos un riachuelo y subimos entre frutales al cortijo Fraile. A el llega una pista que la seguimos a la izquierda y enseguida se junta, junto a unos chopos, con otro ramal principal y aquí volvemos a continuar a la izquierda. Subimos por el camino escuchando el ruido del agua. Una acequia nos va acompañando a un lado y otro. A nuestra derecha tenemos la fuente del halcón y un conjunto de casas que se destinan para el uso de alojamiento.

Dejamos la pista cuando nos encontramos con el cortijo semiderruido del Majuelo. Tenemos unos plátanos de paseo a un lado y al otro, encima, una era con hermosas vistas. Seguimos a la derecha viendo ya enfrente a Alcútar, delante de Bérchules.

Cuando el pequeño camino empieza a bajar lo dejamos para seguir hacia adelante por la vereda. A esta zona se le conoce como los LLanillos. Y el camino que vamos realizando, la vereda de la escalona (quizás por lo escalonado del terreno).

Cruzamos el barranco del Cairo y enseguida llegamos a la primera casa del pueblo de Alcutar. Podemos o entrar por esta a él, o bordear por la vereda que sale a la derecha y nos lleva, entre cerezos, nogales, almendros y olivos al barrio bajo del Churre. En este barrio parece que no ha pasado el tiempo, conserva su tipismo.

Al pasar una fuente que tiene debajo su lavadero y las últimas casas, empezamos a bajar por la cuesta de Narila. Tenemos un bonito descenso de mas de 200 metros de desnivel hasta llegar al río. Lo cruzamos y nos encontramos con un camino. Podemos desviarnos a la izquierda durante unos cinco minutos para subir por él a Agua Agria, una fuente de agua ferruginosa.

Enseguida este camino nos llevará a Narila. Pasamos por la casa de Abén Humeya y salimos a la plaza del pueblo donde está situada su iglesia mudéjar. Desde aquí bajamos al río.

Proseguimos el cauce del valle por su margen izquierda, hasta llegar a una pequeña balsa, donde una vereda nos adentrará en Cádiar, justo en el barrio del Prado. Cádiar es la población de mayor número de habitantes de esta zona.

Desde la fuente del Prado seguimos río abajo entre huertas regadas por sus aguas, unos 15′, para volver a situarnos en el lugar justo donde cruzamos el río esta mañana. Ya solo nos queda el pequeño repecho para volver a la Alquería.

Be Sociable, Share!

Diseño y programación: CalixSierra, Contenidos: Carmen Leal, Fotografía: Paloma Brinkmman y Mariano Cruz, Traducción: Miranda Ravetto. Política de calidad